Qué pasa si llueve: el mito de la pista que se derrite
La pregunta llega siempre, y siempre con la misma cara de desconfianza. La respuesta corta es: nada.


El material soporta de −80 °C a +100 °C. Dicho así suena a ficha técnica, así que vamos a lo práctico: qué pasa el día que caiga un chaparrón el 27 de diciembre.
Con lluvia
La superficie se moja, igual que se moja la acera. El agua no la daña ni la deforma, y en cuanto escampa se seca sola. Lo único recomendable es pasar la mopa antes de reabrir, porque una lámina de agua encima reduce el deslizamiento y resbala de forma distinta a lo que la gente espera.
Comparación: una pista de hielo real bajo lluvia templada se convierte en una capa de agua sobre hielo blando, y hay que cerrarla.
Con calor
A veinte grados funciona igual que a cero. No hay nada que derretir. Esto importa más de lo que parece en el sur de España y en la costa, donde una tarde de diciembre a veinte grados es perfectamente normal y donde una pista tradicional obliga a sobredimensionar la refrigeración.
Con sol directo
Sin problema. El material no amarillea con la exposición de una campaña. Lo que sí notarás es que en pleno sol la superficie está algo más caliente al tacto, sin efecto sobre el patinaje.
Entonces, ¿para qué la carpa?
Por comodidad del público, no por la pista. Bajo carpa la gente patina con lluvia sin mojarse y el ambiente se mantiene. Es una opción, no un requisito.
Lo único que sí importa
El mantenimiento del lubricante. La superficie necesita un tratamiento periódico que mantiene el deslizamiento; va incluido en el alquiler y lo hacemos nosotros. Sin él, a los pocos días la pista se vuelve pegajosa y la experiencia cae en picado.


